Chiltomate yucateco
Jitomate y habanero asados y machacados, sin nada más. La salsa base de Yucatán: suave, dulce y con el aroma del habanero sin su furia.
Qué variedad usar para cada salsa, cómo saber si está maduro, por qué no hay que pelarlo después de asar y qué hacer si quedó ácido.
Se puede cambiar por
En México se llama jitomate al tomate rojo, y tomate a secas al tomate verde. Fuera de México esa distinción no existe y genera confusión constante en las recetas: cuando una receta mexicana dice “tomate” y no especifica, casi siempre se refiere al verde.
Es la primera decisión y afecta al resultado.
Saladet (también llamado guaje o roma): alargado, de paredes gruesas, con poca agua y pocas semillas. Es el mejor para salsa. Sale más espesa y con sabor más concentrado.
Bola: redondo, jugoso, con más agua y más gelatina. Da una salsa más líquida y más fresca. Funciona bien, pero conviene asarlo un poco más para que evapore.
Cherry: excelente asados enteros, para salsas rústicas con trozos. Muy dulces.
Si vas a hacer una salsa espesa para untar o para taquería, saladet. Si vas a hacer una salsa de mesa jugosa, cualquiera de los dos.
Al tacto: debe ceder ligeramente a una presión suave. Duro está verde por dentro; blando está pasado.
Al olfato: un jitomate maduro huele a jitomate en el rabo. Si no huele a nada, no va a saber a nada. Es la prueba más fiable y la que menos gente usa.
Al color: rojo uniforme, incluido alrededor del rabo. Los hombros verdes indican que se cortó antes de tiempo.
Un jitomate hervido se ablanda y se vuelve dulce. Un jitomate asado al comal pierde agua, concentra azúcares, se carameliza por fuera y toma un punto tostado.
La misma cantidad de jitomate da una salsa mucho más intensa asada que hervida. Y el comal tiene que estar bien caliente antes de poner nada: si entra en una superficie tibia, suelta jugo y se cuece en su propio charco.
Prueba del comal: una gota de agua debe bailar y evaporarse en un segundo.
Es tentador quitar la piel negra después de asar, sobre todo si vienes de recetas donde se pelan los pimientos. En una salsa roja mexicana la piel asada es parte del sabor y además aporta color y cuerpo.
Solo se pela cuando quieres una salsa muy tersa y elegante, como para bañar un pescado, o en un chiltomate yucateco fino.
Jitomate poco maduro, casi siempre. Tres correcciones, por orden:
Lo que no funciona es añadir sal: acentúa la acidez en lugar de equilibrarla.
Fuera del refrigerador, siempre que sea posible. El frío por debajo de 10 °C destruye los compuestos aromáticos del jitomate y arruina su sabor de forma irreversible. Un jitomate refrigerado tres días ya no vuelve a saber igual.
A temperatura ambiente, con el rabo hacia abajo, en un lugar fresco y sin luz directa. Si están muy maduros y no los vas a usar, entonces sí al refrigerador, y sácalos una hora antes de usarlos.
Fuera de temporada, un jitomate de lata entero pelado suele ser mejor que un jitomate fresco pálido y sin sabor. Se cosecha maduro y se envasa el mismo día.
Para salsas cocidas funciona bien. Para salsas crudas o asadas, no: no se puede asar y no tiene la textura.
Tomate verde, si aceptas cambiar de salsa por completo: pasas de dulzor a acidez.
Chile guajillo rehidratado, en salsas de chile seco donde el jitomate solo aportaba cuerpo y color rojo.
En 12 de estas son el ingrediente que define la salsa.
Jitomate y habanero asados y machacados, sin nada más. La salsa base de Yucatán: suave, dulce y con el aroma del habanero sin su furia.
Pepita de calabaza tostada y molida con jitomate asado y habanero. Un dip prehispánico maya, sin lácteos, y de los más antiguos que se siguen comiendo.
Dulce, oscura y casi sin picor. El chile ancho es el poblano seco y da la salsa más suave de todas las de chile seco: la que come cualquiera.
El chile del Bajío que también suena al agitarlo. Salsa rojiza, con sabor a nuez y un picor discreto: la de las mesas de Zacatecas y Aguascalientes.
El chile que suena cuando lo agitas. Salsa color caramelo, con sabor a nuez tostada y un picor discreto que no tapa nada de lo que acompaña.
Jitomate sofrito con cebolla y chile hasta que espesa. No es salsa de mesa: es la salsa que se cocina en la sartén y se sirve caliente sobre los huevos.
Jitomate, chile y ajo asados al comal y molidos con sal. La salsa roja básica de la cocina mexicana, la que se aprende primero y se hace toda la vida.
Ahumada, espesa y con dulzor de fondo. El morita es un jalapeño secado con humo, y esta salsa lo pone al frente sin taparlo con nada.
El guajillo que sí pica. Mismo perfil afrutado y rojo brillante, pero con el doble de picor: la salsa de la birria y de los tacos de suadero.
El humo llevado al extremo. El meco es el jalapeño ahumado más tiempo que el morita, y da una salsa color tabaco con un ahumado que no se parece a nada.
Jitomate y chile asados, martajados en piedra con sal de grano. Textura rústica, sabor concentrado y la cebolla picada al final que la vuelve otra cosa.
La salsa roja espesa y brava de los puestos de tacos: chile de árbol y guajillo fritos, molidos con jitomate y sazonados hasta que se pegan al taco.
Roja intensa, afrutada y apenas picante. La salsa que pueden comer todos en la mesa, y la base de los adobos y los chilaquiles rojos.
Aguacate machacado con sal de grano, chile y cebolla, con trozos y no puré. Cinco ingredientes, ninguno licuado, y el mejor guacamole que vas a hacer.
Casi negra, con sabor a pasa y a cacao. El pasilla es el chile más elegante de la despensa mexicana y ésta es la salsa que lo demuestra.
Cacahuate tostado y chile de árbol molidos con caldo hasta quedar espesa. Una salsa de mesa con cuerpo, pariente lejana del mole y muy fácil de hacer.
Chicatanas tostadas y molidas con chile de árbol y ajo. Sabor a tierra mojada y a nuez, y solo se puede hacer unos días al año.
El chile costeño de Guerrero y Oaxaca, tostado y molido en molcajete con ajo y sal. Naranja intensa, brava y con solo cuatro ingredientes.
Habanero, cebolla morada y naranja agria. Cuatro ingredientes, ningún fuego y el nombre lo dice todo: en maya significa nariz de perro, por cómo te deja.