Salsa verde cocida
La salsa verde de olla: tomate verde hervido con serrano y ajo, licuado con cilantro. Más dulce y redonda que la cruda, y aguanta una semana en el refri.
Todo lo que nace del tomate verde: cruda, cocida, tatemada o martajada en molcajete. Es la salsa de diario de la mayoría de las cocinas mexicanas, y cambiar la técnica cambia por completo el resultado.
La salsa verde de olla: tomate verde hervido con serrano y ajo, licuado con cilantro. Más dulce y redonda que la cruda, y aguanta una semana en el refri.
La salsa verde de diario, sin fuego y en diez minutos: tomate verde crudo, serrano y cilantro licuados. Fresca, ácida y lista antes de que se enfríe la comida.
La chilaca es el chile que al secarse se vuelve pasilla. Fresca y asada da una salsa verde oscura, ahumada y con más carácter que la de serrano.
Martajada a mano en piedra, con textura y no puré. El molcajete no licúa: machaca, y por eso esta salsa sabe distinta aunque los ingredientes sean los mismos.
La salsa verde que se sirve en los puestos: licuada y luego sazonada en aceite caliente hasta que espesa y cambia de color. Aguanta el calor sin aguarse.
Tomate verde y serrano quemados al comal hasta que la piel se ampolla y ennegrece. Sabor a humo, cuerpo espeso y el amargor justo que la vuelve adictiva.
Tomate verde con chile de árbol seco tostado: verde en el color y brava en el picor. La salsa que se ve inocente y no lo es.
Las 7 salsas verdes comparadas por lo que de verdad decide: cuánto pican, cuánto tardan y qué chile las define.
| Salsa | Picor | Tiempo | Chile que la define | Se guarda |
|---|---|---|---|---|
| Salsa verde cocida | 20 min | Chile serrano | 1 semana en refrigeración | |
| Salsa verde cruda | 10 min | Chile serrano | 3 días en refrigeración, en frasco cerrado | |
| Salsa verde de chile chilaca | 29 min | Chile chilaca | 5 días en refrigeración | |
| Salsa verde de molcajete | 28 min | Chile serrano | 3 días en refrigeración | |
| Salsa verde frita estilo taquería | 28 min | Chile serrano | 10 días en refrigeración | |
| Salsa verde tatemada al comal | 25 min | Chile serrano | 5 días en refrigeración | |
| Salsa verde de chile de árbol | 22 min | Chile de árbol | 1 semana en refrigeración |
Es el malentendido más extendido de esta familia. El tomate verde es otra planta —del género Physalis— emparentada con el jitomate pero no la misma especie. Crece envuelto en una cáscara de papel que se abre cuando el fruto madura, y su sabor no tiene nada que ver: es ácido, cítrico y con un punto astringente que la sal domestica en cinco minutos de reposo.
Según la región se le llama tomatillo, miltomate, tomate de cáscara o tomate de fresadilla. Cuando una receta mexicana dice «tomate» a secas, casi siempre se refiere a éste; al rojo se le dice jitomate.
Esa acidez es su función en la mesa: corta la grasa. Una salsa verde al lado de unas carnitas hace un trabajo que ninguna salsa de jitomate consigue.
Con los mismos tres ingredientes —tomate verde, chile y cilantro— salen cuatro salsas que no se parecen entre sí. Lo que cambia no es la lista de la compra, es el fuego.
Cruda. Sin fuego, diez minutos. Ácida, filosa y fresca. Es la de emergencia: la que se hace cuando ya están servidos los tacos y alguien pregunta si hay salsa. Dura tres días.
Cocida. Los tomates hervidos ocho minutos pierden filo y ganan dulzor. Es la base de media cocina mexicana de diario: los chilaquiles verdes, el pollo en salsa verde, los huevos ahogados. Dura una semana y se congela.
Tatemada. Los ingredientes quemados al comal hasta que la piel se ampolla y ennegrece. Concentrada, espesa y con un amargor agradable que equilibra la acidez. Es la que quieres al lado de una carne asada, donde una salsa verde cruda se perdería.
Frita o sazonada. La salsa ya licuada se vacía en aceite caliente y se cocina diez minutos. Cambia de color, espesa y pierde el sabor a crudo. Es lo que hace que la salsa de la taquería sepa distinta a la de casa, y lo que le permite aguantar el calor de unos chilaquiles sin aguarse.
Enjuagar. La cáscara del tomate verde deja una película pegajosa sobre el fruto que es francamente amarga, y basta con frotar los tomates bajo el chorro con las manos hasta que dejen de resbalar.
Son treinta segundos. Es la diferencia entre una salsa verde limpia y una que sabe raro sin que sepas por qué.
Firme, que no ceda al apretarlo, con la cáscara seca y apretada al fruto. Los de tamaño mediano —como una nuez grande— suelen ser los mejores: los muy pequeños son demasiado ácidos y los muy grandes tienen más agua y menos sabor.
Con su cáscara, en el refrigerador y en una bolsa de papel, aguantan dos o tres semanas. Bastante más que un jitomate.
La cruda es ácida, filosa y sabe a jardín; la cocida es más redonda y dulce, porque hervir el tomate verde le quita acidez y le saca azúcares. La cruda dura tres días y la cocida una semana. La cruda es la que se hace cuando ya está la comida servida; la cocida es la que se hace el domingo para toda la semana.
Por dos motivos casi siempre. O no enjuagaste bien los tomates verdes —esa película pegajosa que dejan bajo la cáscara es amarga— o licuaste el cilantro demasiado tiempo. El cilantro va al final y con dos pulsos. Si ya está hecha, media cucharadita de azúcar y unas gotas de limón la corrigen bastante.
Es oxidación normal, la misma que pone café al aguacate. Se retrasa guardándola en un frasco lleno hasta arriba, con poco aire, y con unas gotas de limón. El sabor aguanta bien tres días aunque el color se apague, así que no es señal de que esté echada a perder.
Entre 8 y 12 minutos según el tamaño. La señal no es el reloj sino el color: pasan de verde brillante a verde olivo mate. En cuanto el primero se abre y suelta jugo, ya están. Pasarse los deshace y la salsa pierde cuerpo para siempre.
El serrano por defecto: es delgado, casi no tiene pulpa y aporta picor limpio sin cambiar el cuerpo de la salsa. El jalapeño funciona pero es más carnoso, así que hacen falta uno y medio o dos por cada serrano y la salsa queda con más cuerpo y menos filo. Para una versión brava, chile de árbol seco.
La cocida sí, hasta tres meses, en bolsas planas de una taza. La cruda no: al descongelar suelta toda el agua y queda un caldo verde con grumos. Si vas a hacer tanda grande para congelar, hazla cocida.