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Salsas verdes mexicanas

Todo lo que nace del tomate verde: cruda, cocida, tatemada o martajada en molcajete. Es la salsa de diario de la mayoría de las cocinas mexicanas, y cambiar la técnica cambia por completo el resultado.

Recetas
7
Picor
Media a muy picosa
Suaves o sin picante
0
En 15 min o menos
1

Cuál elegir, de un vistazo

Las 7 salsas verdes comparadas por lo que de verdad decide: cuánto pican, cuánto tardan y qué chile las define.

Salsa Picor Tiempo Chile que la define Se guarda
Salsa verde cocida 20 min Chile serrano 1 semana en refrigeración
Salsa verde cruda 10 min Chile serrano 3 días en refrigeración, en frasco cerrado
Salsa verde de chile chilaca 29 min Chile chilaca 5 días en refrigeración
Salsa verde de molcajete 28 min Chile serrano 3 días en refrigeración
Salsa verde frita estilo taquería 28 min Chile serrano 10 días en refrigeración
Salsa verde tatemada al comal 25 min Chile serrano 5 días en refrigeración
Salsa verde de chile de árbol 22 min Chile de árbol 1 semana en refrigeración

El tomate verde no es un jitomate sin madurar

Es el malentendido más extendido de esta familia. El tomate verde es otra planta —del género Physalis— emparentada con el jitomate pero no la misma especie. Crece envuelto en una cáscara de papel que se abre cuando el fruto madura, y su sabor no tiene nada que ver: es ácido, cítrico y con un punto astringente que la sal domestica en cinco minutos de reposo.

Según la región se le llama tomatillo, miltomate, tomate de cáscara o tomate de fresadilla. Cuando una receta mexicana dice «tomate» a secas, casi siempre se refiere a éste; al rojo se le dice jitomate.

Esa acidez es su función en la mesa: corta la grasa. Una salsa verde al lado de unas carnitas hace un trabajo que ninguna salsa de jitomate consigue.

Cuatro técnicas, cuatro salsas distintas

Con los mismos tres ingredientes —tomate verde, chile y cilantro— salen cuatro salsas que no se parecen entre sí. Lo que cambia no es la lista de la compra, es el fuego.

Cruda. Sin fuego, diez minutos. Ácida, filosa y fresca. Es la de emergencia: la que se hace cuando ya están servidos los tacos y alguien pregunta si hay salsa. Dura tres días.

Cocida. Los tomates hervidos ocho minutos pierden filo y ganan dulzor. Es la base de media cocina mexicana de diario: los chilaquiles verdes, el pollo en salsa verde, los huevos ahogados. Dura una semana y se congela.

Tatemada. Los ingredientes quemados al comal hasta que la piel se ampolla y ennegrece. Concentrada, espesa y con un amargor agradable que equilibra la acidez. Es la que quieres al lado de una carne asada, donde una salsa verde cruda se perdería.

Frita o sazonada. La salsa ya licuada se vacía en aceite caliente y se cocina diez minutos. Cambia de color, espesa y pierde el sabor a crudo. Es lo que hace que la salsa de la taquería sepa distinta a la de casa, y lo que le permite aguantar el calor de unos chilaquiles sin aguarse.

El detalle que casi nadie hace

Enjuagar. La cáscara del tomate verde deja una película pegajosa sobre el fruto que es francamente amarga, y basta con frotar los tomates bajo el chorro con las manos hasta que dejen de resbalar.

Son treinta segundos. Es la diferencia entre una salsa verde limpia y una que sabe raro sin que sepas por qué.

Cómo elegir el tomate verde

Firme, que no ceda al apretarlo, con la cáscara seca y apretada al fruto. Los de tamaño mediano —como una nuez grande— suelen ser los mejores: los muy pequeños son demasiado ácidos y los muy grandes tienen más agua y menos sabor.

Con su cáscara, en el refrigerador y en una bolsa de papel, aguantan dos o tres semanas. Bastante más que un jitomate.

Cuál hacer según lo que vas a comer

  • Tacos de guisado, huevos, quesadillas → cruda. Su acidez levanta cosas suaves.
  • Chilaquiles, enchiladas, pollo → cocida, y más líquida de lo que te parece correcto: los totopos absorben muchísimo.
  • Carne asada, cecina, nopales → tatemada. Necesitas el humo para que la salsa no se pierda.
  • Tacos al pastor, cosas fritas → cremosa de aguacate, que además baja el picor.
  • Mesa con niños → cocida y con dos serranos desvenados en lugar de cuatro enteros.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre la salsa verde cruda y la cocida?

La cruda es ácida, filosa y sabe a jardín; la cocida es más redonda y dulce, porque hervir el tomate verde le quita acidez y le saca azúcares. La cruda dura tres días y la cocida una semana. La cruda es la que se hace cuando ya está la comida servida; la cocida es la que se hace el domingo para toda la semana.

¿Por qué mi salsa verde sabe amarga?

Por dos motivos casi siempre. O no enjuagaste bien los tomates verdes —esa película pegajosa que dejan bajo la cáscara es amarga— o licuaste el cilantro demasiado tiempo. El cilantro va al final y con dos pulsos. Si ya está hecha, media cucharadita de azúcar y unas gotas de limón la corrigen bastante.

¿Por qué se pone amarilla al día siguiente?

Es oxidación normal, la misma que pone café al aguacate. Se retrasa guardándola en un frasco lleno hasta arriba, con poco aire, y con unas gotas de limón. El sabor aguanta bien tres días aunque el color se apague, así que no es señal de que esté echada a perder.

¿Cuánto tiempo se cuece el tomate verde?

Entre 8 y 12 minutos según el tamaño. La señal no es el reloj sino el color: pasan de verde brillante a verde olivo mate. En cuanto el primero se abre y suelta jugo, ya están. Pasarse los deshace y la salsa pierde cuerpo para siempre.

¿Qué chile se usa para la salsa verde?

El serrano por defecto: es delgado, casi no tiene pulpa y aporta picor limpio sin cambiar el cuerpo de la salsa. El jalapeño funciona pero es más carnoso, así que hacen falta uno y medio o dos por cada serrano y la salsa queda con más cuerpo y menos filo. Para una versión brava, chile de árbol seco.

¿Se puede congelar la salsa verde?

La cocida sí, hasta tres meses, en bolsas planas de una taza. La cruda no: al descongelar suelta toda el agua y queda un caldo verde con grumos. Si vas a hacer tanda grande para congelar, hazla cocida.