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Salsas verdes Por Fermín Vega

Salsa verde frita estilo taquería

La salsa verde que se sirve en los puestos: licuada y luego sazonada en aceite caliente hasta que espesa y cambia de color. Aguanta el calor sin aguarse.

Preparación
10 min
Cocción
18 min
Rinde
2 tazas
Dificultad
Fácil
Picor Picosa
Técnica Hervida Licuadora Frita

Arde y se queda un rato. La mayoría de las salsas de mesa viven aquí.

Ingredientes

Para 2 tazas

Se guarda 10 días en refrigeración

Preparación

  1. 1

    Cuece los tomates verdes, los serranos, el ajo y la cebolla en agua apenas cubiertos, entre 8 y 10 minutos, hasta que los tomates cambien a verde olivo.

  2. 2

    Licúa lo cocido con media taza del agua de cocción, el cilantro y la sal. Que quede terso, no importa airearlo: el freído lo va a arreglar.

  3. 3

    Calienta el aceite en una cazuela honda a fuego medio-alto hasta que humee muy ligeramente. Si tienes manteca de cerdo, úsala: es lo que hace que sepa a puesto y no a casa.

  4. 4

    Vacía la salsa licuada de golpe. Va a saltar mucho durante los primeros diez segundos, así que ten a mano una tapa y échala hacia el fondo, no despacio.

  5. 5

    Baja a fuego medio y cocina entre 10 y 12 minutos, moviendo cada tanto con cuchara de madera. La salsa cambia de verde claro a verde oscuro, espesa y se separa ligeramente del fondo cuando pasas la cuchara.

  6. 6

    Si usas caldo de pollo en polvo, agrégalo en los últimos dos minutos y prueba antes de añadir más sal.

  7. 7

    Deja enfriar en la misma cazuela. Espesa un poco más al enfriarse.

Va bien con

Tacos de canasta · Chilaquiles · Flautas · Tacos dorados

Todo el mundo ha intentado replicar en casa la salsa verde del puesto de la esquina y casi todo el mundo se queda corto. La receta parece la misma —tomate verde, chile, cilantro— pero el resultado es distinto: la del puesto es más oscura, más espesa, más sabrosa y no se aguada aunque lleve horas en el mismo tazón sobre la plancha caliente.

La diferencia no está en un ingrediente secreto. Está en un paso que casi nadie hace en casa: sazonar la salsa en grasa caliente después de licuarla.

Qué pasa cuando la salsa toca el aceite

Tres cosas a la vez. Se evapora agua, así que la salsa se concentra y espesa sin necesidad de espesantes. Se cocinan de verdad los ingredientes licuados, que hasta ese momento solo estaban hervidos y molidos, y desaparece el sabor a crudo. Y la grasa se emulsiona con la salsa, lo que le da cuerpo y hace que se pegue a la comida en lugar de escurrirse.

Ese último punto es el que se nota comiendo. Una salsa verde sin sazonar resbala del taco y acaba en el plato; una sazonada se queda encima.

Manteca contra aceite

La manteca de cerdo es lo tradicional y hace una diferencia real. Aporta un sabor de fondo que el aceite vegetal no tiene y que combina especialmente bien con tacos de carne. El aceite vegetal funciona perfectamente y es lo que usan muchos puestos hoy; el aceite de oliva no, porque su sabor pelea con el del tomate verde.

Sea cual sea, tiene que estar caliente antes de vaciar la salsa. En aceite tibio la salsa se cuece despacio, no se sella, y acabas con algo hervido en grasa que es lo peor de los dos mundos.

Cómo saber que ya está

Tres señales, todas visuales:

  1. El color cambia de verde claro a verde oscuro, casi olivo.
  2. Espesa lo suficiente para que al pasar la cuchara por el fondo se abra un surco que tarda un segundo en cerrarse.
  3. Se ve brillo de grasa en la superficie, señal de que la emulsión se rompió justo lo necesario.

Suele pasar entre los diez y los doce minutos a fuego medio. Menos tiempo y sigue sabiendo a licuado; más tiempo y empieza a pegarse al fondo.

El truco de la cazuela honda

Vaciar salsa fría en grasa caliente salpica muchísimo. En una sartén baja acabas con la estufa, la pared y tú llenos de puntitos verdes. Una cazuela honda contiene casi todo, y una tapa a mano durante los primeros veinte segundos resuelve el resto.

Y se vacía de golpe, desde cerca. Contra lo que parece lógico, echarla en hilo y despacio prolonga el momento de las salpicaduras en vez de reducirlo.

Errores comunes

Se pegó y sabe a quemado. Fuego demasiado alto durante mucho rato, o cazuela delgada. Necesitas fondo grueso y fuego medio.

Quedó grasosa. Te pasaste de aceite. Tres cucharadas por cada dos tazas de salsa es la proporción; más que eso se separa y flota.

Sigue sabiendo a crudo. Le faltó tiempo. Diez minutos es el mínimo real.

Quedó demasiado espesa. Se pasó de reducción. Un chorrito de agua de cocción del tomate, todavía en el fuego, la devuelve al punto.

Cómo guardarla

Aguanta diez días en refrigeración en frasco cerrado, y mejora a partir del segundo. Se congela bien porque el aceite protege la textura. Al recalentarla, hazlo en sartén y no en microondas: el microondas la separa.

Es la salsa que conviene hacer en tanda doble.

Preguntas frecuentes

¿Por qué la salsa de la taquería sabe distinta a la de mi casa?

Por el sazonado. En casa casi siempre se licúa y se sirve; en un puesto la salsa se fríe en manteca o aceite caliente, lo que evapora agua, concentra el sabor y elimina el gusto a crudo. Ese paso, más el uso de manteca de cerdo, es prácticamente toda la diferencia.

¿Se puede usar aceite de oliva?

Se puede, pero no queda bien. El aceite de oliva tiene sabor propio y punto de humo bajo, y esta técnica pide aceite caliente y neutro. Aceite vegetal está bien; manteca de cerdo está mejor.

¿Cuánto dura comparada con la salsa verde normal?

El doble o más: diez días en refrigeración contra los tres o cuatro de una salsa cocida sin freír. El aceite forma una barrera y el tiempo extra de calor elimina más microorganismos.

¿Por qué salta tanto al vaciarla?

Porque estás echando líquido frío en grasa muy caliente y el agua se evapora de golpe. Se controla vaciando de una sola vez y desde cerca, no en hilo, y tapando la cazuela unos segundos. Vaciar despacio es lo que hace que salte más rato.

¿Es indispensable el caldo de pollo en polvo?

No, y hay quien lo considera trampa. Pero es lo que se usa en la mayoría de los puestos y es responsable de ese fondo salado y umami que no logras solo con sal. Si prefieres evitarlo, una cucharada de caldo de pollo real reducido hace algo parecido.