Saltar al contenido
Salsas verdes Por Fermín Vega

Salsa verde cruda

La salsa verde de diario, sin fuego y en diez minutos: tomate verde crudo, serrano y cilantro licuados. Fresca, ácida y lista antes de que se enfríe la comida.

Preparación
10 min
Total
10 min
Rinde
1½ tazas
Dificultad
Fácil
Picor Media
Técnica Cruda Licuadora

Pica de verdad y se pasa con un trago de agua.

Ingredientes

Para 1½ tazas

Se guarda 3 días en refrigeración, en frasco cerrado

Preparación

  1. 1

    Quita la cáscara de papel de los tomates verdes y enjuágalos frotándolos con las manos: por fuera son pegajosos y esa capa amarga. No los peles ni les quites nada más.

  2. 2

    Córtalos en cuartos y ponlos en el vaso de la licuadora. Añade los serranos sin rabo, el ajo, la cebolla y la sal.

  3. 3

    Licúa en pulsos cortos, de dos segundos, hasta que quede una salsa con cuerpo pero todavía con textura. Si licúas de corrido se llena de aire, se pone verde pálido y espumosa.

  4. 4

    Agrega el cilantro y da dos pulsos más, nada más lo justo para integrarlo. Si lo licúas mucho, la salsa amarga y pierde el verde brillante.

  5. 5

    Prueba y ajusta sal. Si el tomate estaba muy ácido, medio limón o una pizca de azúcar lo equilibran.

  6. 6

    Deja reposar cinco minutos antes de servir: la sal necesita ese rato para sacarle el jugo al tomate y que la salsa deje de saber a ingredientes sueltos.

Va bien con

Tacos de guisado · Huevos estrellados · Chilaquiles · Quesadillas

Hay una razón por la que ésta es la salsa que más se hace en México y no es el sabor: es que no requiere prender la estufa. Diez minutos desde que abres el refri hasta que está en la mesa, sin comal, sin olla y sin esperar a que algo se enfríe. Cuando ya están servidos los tacos y alguien pregunta si hay salsa, ésta es la respuesta.

Su carácter viene del tomate verde crudo, que no es un tomate inmaduro ni un pariente del jitomate: es otra planta, con su cáscara de papel y su acidez propia. Crudo sabe cítrico y casi verde, con un punto astringente que la sal domestica en cinco minutos de reposo. Ese contraste —ácido, picante, herbal— es lo que corta la grasa de un taco de carnitas mejor que cualquier salsa cocida.

El detalle que separa una salsa verde buena de una mediocre

Enjuagar. La cáscara del tomate verde deja una película pegajosa que es francamente amarga, y basta con frotar los tomates bajo el chorro con las manos hasta que dejen de resbalar. Es un paso de treinta segundos que la mayoría se salta y luego se pregunta por qué la salsa sabe rara.

El segundo detalle es la licuadora. Una salsa verde cruda no se licúa, se pulsa. Dos segundos, para, dos segundos, para. Si dejas la licuadora corriendo, el aire que entra convierte la salsa en una espuma verde pálido que además amarga: el cilantro y el tomate se oxidan a toda velocidad cuando los bates. La textura correcta tiene grumos pequeños y se ve verde oscuro, no verde manzana.

Cómo ajustarle el picor sin cambiar la receta

El serrano es el chile de esta salsa por costumbre y por lógica: es delgado, no tiene casi pulpa y aporta picor limpio sin cambiar el cuerpo de la salsa. Tres serranos dan un picor medio que la mayoría de la mesa tolera.

Si quieres subirlo, sube el número de chiles antes que cambiar de chile. Cinco serranos ya es una salsa brava y sigue sabiendo a lo mismo. Si quieres bajarlo, quítales las venas: ahí vive la capsaicina, no en las semillas, y desvenar dos de los tres chiles baja el picor casi a la mitad sin quitarle sabor.

Variaciones que valen la pena

Con aguacate. Medio aguacate licuado con todo lo demás convierte esta salsa en otra cosa: cremosa, más suave y con la acidez domesticada. Es la salsa verde de las taquerías y aguanta menos en el refri, un día como mucho.

Con limón. Media pieza de jugo, exprimido al final. No es tradicional en el centro del país pero la vuelve más fresca y frena la oxidación, así que si la vas a guardar, vale la pena.

Sin cebolla. La cebolla cruda domina rápido y a las pocas horas es lo único que se prueba. Si la salsa va a esperar en el refri, déjala fuera y gana el tomate.

Errores comunes y cómo se arreglan

Quedó aguada. Le pusiste agua a la licuadora o el tomate estaba muy maduro. Se rescata con un puñado más de tomate crudo picado a mano, que además le devuelve textura.

Quedó amarga. Cilantro sobrelicuado o tomates mal enjuagados. Media cucharadita de azúcar y unas gotas de limón la corrigen; no le eches más sal, que acentúa el amargor.

Se separó en el refri. Es normal: no lleva grasa ni emulsionante que la sostenga. Revuelve con cuchara antes de servir y listo.

No sabe a nada. Casi siempre falta sal y falta reposo. La sal en una salsa cruda tarda unos minutos en integrarse, y una salsa recién licuada sabe a ingredientes separados. Cinco minutos en la mesa la arreglan.

Cómo guardarla

Frasco de vidrio, lleno hasta arriba para que quede poco aire, y al refrigerador. Tres días de buen sabor, aunque el verde se apague desde el segundo. No se congela bien: al descongelar suelta toda el agua y queda un caldo verde con grumos.

Si te sobró mucha, dale un segundo uso: sirve tal cual como base para cocer pollo deshebrado o para unos huevos ahogados, donde el calor le quita la acidez y la vuelve otra salsa.

Preguntas frecuentes

¿Por qué mi salsa verde cruda sabe amarga?

Por dos motivos casi siempre: no enjuagaste bien los tomates verdes —esa capa pegajosa de la cáscara es amarga— o licuaste el cilantro demasiado tiempo. El cilantro va al final y con dos pulsos. Si ya está hecha, media cucharadita de azúcar y un chorrito de limón la corrigen bastante.

¿Cuál es la diferencia entre la salsa verde cruda y la cocida?

La cruda es ácida, filosa y sabe a jardín; la cocida es más redonda y dulce, porque hervir el tomate verde le quita acidez y le saca azúcares. La cruda dura menos —tres días contra una semana— y es la que se hace cuando ya está la comida servida.

¿Se puede hacer con jalapeño en vez de serrano?

Sí, pero cambia. El jalapeño es más carnoso y más suave, así que la salsa queda menos picosa y con más cuerpo. Usa uno y medio o dos jalapeños por cada serrano de la receta.

¿Por qué se pone amarilla al día siguiente?

Es oxidación normal, la misma que pone café al aguacate. Se retrasa guardándola en un frasco lleno hasta arriba, con poco aire, y con unas gotas de limón. El sabor aguanta bien tres días aunque el color se apague.

¿Cuánta agua le pongo?

Idealmente ninguna. El tomate verde crudo suelta suficiente líquido para que la licuadora arranque si lo cortas en cuartos y empiezas en pulsos. Si de plano no jala, dos cucharadas, no más: el agua diluye el sabor y luego la salsa se separa en el refri.