Saltar al contenido
Salsas macha y aceites Por Fermín Vega

Salsa macha de ajo confitado

Dos cabezas enteras de ajo confitadas despacio en aceite con chile guajillo. Dulce, untuosa y con muy poco picor: la macha que se come con cuchara.

Preparación
15 min
Cocción
35 min
Rinde
400 ml
Dificultad
Media
Picor Media
Técnica Frita

Pica de verdad y se pasa con un trago de agua.

Ingredientes

Para 400 ml

Se guarda 1 mes en refrigeración

Preparación

  1. 1

    Pela los dientes de ajo. Con dos cabezas es un rato de trabajo; aplastarlos ligeramente con el canto del cuchillo hace que la piel salga sola.

  2. 2

    Ponlos enteros en una olla pequeña con todo el aceite, en frío. Lleva a fuego muy bajo.

  3. 3

    Confita 25 o 30 minutos. El aceite debe burbujear apenas alrededor del ajo. Los dientes tienen que quedar dorados muy claros y tan blandos que se deshagan al aplastarlos con una cuchara. Si se doran rápido, baja el fuego.

  4. 4

    Saca los ajos con espumadera y resérvalos.

  5. 5

    En el mismo aceite, ya con sabor a ajo, fríe los guajillos desvenados 20 segundos por lado y sácalos. Después los chiles de árbol, 30 segundos.

  6. 6

    Tuesta el ajonjolí 1 minuto y apaga.

  7. 7

    Con el aceite tibio, muele los guajillos, los de árbol, la mitad del ajo confitado, la sal, el orégano y la pimienta con todo el aceite. Pulsos cortos.

  8. 8

    Aplasta con tenedor la otra mitad del ajo y revuélvela a mano junto con el ajonjolí y el vinagre. Envasa.

Casi todas las machas se construyen sobre el chile y usan el ajo como apoyo. Ésta invierte los papeles: dos cabezas enteras confitadas despacio hasta que quedan blandas y dulces, y el chile como acompañante. El resultado no se parece a ninguna otra salsa mexicana y engancha con una facilidad sospechosa.

Al probarla la primera reacción suele ser no reconocer el ajo. El ajo confitado no sabe a ajo crudo: pierde el ardor, pierde el regusto y desarrolla un dulzor casi a caramelo, mantequilloso, que en aceite con chile guajillo es una combinación difícil de dejar.

Confitar bien es cuestión de paciencia

Veinticinco o treinta minutos a fuego muy bajo, con el aceite apenas burbujeando alrededor de los dientes. Si ves que se doran rápido o que el aceite chisporrotea, está demasiado caliente: baja el fuego o aparta la olla un minuto.

El punto es blandura, no color. Un diente confitado correctamente está dorado muy claro por fuera y se deshace al aplastarlo con el dorso de una cuchara. Si queda firme, le falta tiempo; si está café oscuro, se pasó y va a amargar.

El aceite ya viene sazonado

Una ventaja de este orden: cuando sacas el ajo, el aceite ya tomó todo su sabor. Los chiles se fríen después en ese aceite perfumado y absorben parte de él.

Es el mismo principio de cualquier confitado: la grasa se queda con lo mejor de lo que cocinaste en ella.

Mitad molido, mitad aplastado

Como en la macha de cacahuate, el contraste importa. La mitad del ajo se muele con los chiles y desaparece dentro de la salsa, aportando cuerpo y dulzor. La otra mitad se aplasta con tenedor —no con licuadora— y se revuelve, y esos trozos blandos son lo que hace que la salsa se sienta generosa.

Con qué comerla

Con pan, sin más, es su mejor uso y el menos mexicano. También sobre papas al horno, sobre pollo asado, revuelta en pasta caliente o como base para untar antes de poner queso en una torta.

Es la macha menos picante del recetario y la que mejor funciona para gente que no come chile, porque lo que domina es el ajo.

Errores comunes

El ajo quedó amargo. Se doró demasiado. Fuego más bajo, y saca los dientes en cuanto estén blandos.

Quedó demasiado espesa. Dos cabezas de ajo dan mucho sólido. Añade un cuarto de taza más de aceite.

Se echó a perder rápido. El ajo es húmedo y azucarado, así que esta macha va al refrigerador siempre, no a la alacena.

No sabe a chile. Es el diseño. Si la quieres más marcada, sube los chiles de árbol.

Cómo guardarla

En refrigeración, en frasco de vidrio con el aceite cubriendo, un mes. El aceite se solidifica en frío y hay que sacarla veinte minutos antes; una vez a temperatura ambiente vuelve a su textura.

Cuchara seca, como siempre.

Preguntas frecuentes

¿Qué es confitar?

Cocinar algo sumergido en grasa a temperatura baja durante mucho tiempo. No es freír: en la fritura la superficie se dora rápido a alta temperatura; al confitar, el ingrediente se cocina despacio y por completo sin llegar a dorarse fuerte. El ajo confitado queda dulce, mantequilloso y sin nada de su agresividad cruda.

¿Por qué el ajo confitado no pica ni repite?

Porque los compuestos de azufre responsables del ardor y del regusto del ajo crudo se degradan con el calor sostenido. Lo que queda son azúcares y aromáticos suaves. Un diente de ajo confitado sabe casi dulce y se puede comer entero sin problema.

¿Cuánto pica esta macha?

Poco: nivel 2 de 5. Ocho guajillos aportan casi nada de picor y seis chiles de árbol lo suben apenas. Es una macha de sabor, para quien quiere el formato sin la agresión. Si la quieres brava, sube los de árbol a quince.

¿Por qué dura menos que otras machas?

Por el ajo. Aunque está confitado, aporta humedad y azúcares, y ambos acortan la vida útil. Un mes en refrigeración es lo prudente. Las machas de solo chile y semilla, que están prácticamente secas, duran tres meses fuera del refri.

¿Se puede confitar el ajo en el horno?

Sí, y es más cómodo si vas a hacer cantidad. Dientes pelados cubiertos de aceite en un refractario, tapados con papel aluminio, a 140 °C durante 45 minutos. El resultado es prácticamente idéntico y no hay que vigilar el fuego.