Salsa negra de chile japonés
Chiles tostados hasta el filo del quemado, molidos con ajo y salsa inglesa. Oscura, salada y muy picante: la salsa de botella de las marisquerías.
En qué se diferencia del chile de árbol, por qué aguanta mejor el tostado largo y para qué salsas conviene cada uno.
Se puede cambiar por
El chile japonés y el de árbol son, a efectos prácticos, intercambiables: pican lo mismo, se usan igual y en muchos mercados se venden mezclados. Merece ficha propia porque hay un contexto en el que sí conviene elegirlo.
A pesar del nombre, es un chile mexicano. Se le llama así por el parecido con variedades asiáticas de chile seco delgado, no por su origen.
Entre 15 000 y 30 000 unidades Scoville, exactamente el mismo rango que el chile de árbol: entre dos y tres veces un jalapeño y algo por encima de un serrano.
Como el de árbol, se usa entero —con venas y semillas— así que se aprovecha todo su picor.
Poco, y lo poco importa en un caso concreto.
El japonés es algo más ancho y de piel un poco más gruesa. El de árbol es más estilizado y de piel finísima.
Esa diferencia de grosor decide en las recetas que piden un tostado largo. En una salsa negra, donde los chiles se llevan deliberadamente hasta el filo del quemado durante dos o tres minutos, el de árbol se desintegra y se pasa antes; el japonés aguanta y se oscurece de forma más pareja.
Para todo lo demás —una salsa taquera, una macha, un aceite— los dos funcionan igual.
Limpio, seco y punzante, sin las notas afrutadas ni el dulzor de los chiles secos grandes. Es un chile de función más que de matices.
Eso cambia con el fuego: frito unos segundos en aceite desarrolla una nota tostada, casi a nuez quemada, que es lo que aporta a una macha o a una salsa taquera.
Frito, no remojado, para salsas normales: 30 segundos en aceite a fuego medio-bajo, moviendo sin parar, y fuera en cuanto el rojo mate se vuelva rojo brillante.
Tostado largo en comal seco para una salsa negra: dos o tres minutos hasta café muy oscuro. Es la excepción a la regla de no quemar, y hay que sacarlo a un plato frío en cuanto llegue, porque en el comal caliente sigue tostándose.
Enciende el extractor. Veinte o más chiles tostándose sueltan vapores que irritan de verdad los ojos y la garganta.
| Cantidad | Resultado |
|---|---|
| 5–6 | Picante notable que se pasa rápido |
| 8–10 | El punto de la mayoría de las salsas de taquería |
| 12–15 | Brava de verdad |
| 20+ | Salsa de botella, para usar en gotas |
El picor varía mucho entre cosechas: dos bolsas del mismo mercado pueden diferir al doble. Empieza con menos y sube.
Flexible, nunca quebradizo, y debe oler punzante al romperlo. Si no huele a nada, ya perdió potencia y tostarlo no lo va a resucitar.
En frasco de vidrio cerrado, sin luz ni humedad, un año largo. En bolsa de plástico suda y se enmohece.
Chile de árbol, uno por uno, en cualquier receta. Es la sustitución evidente y casi siempre imperceptible; solo vigila más el comal si vas a hacer un tostado largo, porque su piel es más fina.
Costeño, que pica algo menos y aporta un naranja distinto.
Piquín, si quieres subir bastante el picor: usa la mitad.
En 1 de estas es el ingrediente que define la salsa.
Chiles tostados hasta el filo del quemado, molidos con ajo y salsa inglesa. Oscura, salada y muy picante: la salsa de botella de las marisquerías.