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Salsas rojas Por Fermín Vega

Salsa de chile de árbol en vinagre

La salsa embotellada de casa: chile de árbol y vinagre, líquida y punzante. Dura meses en el refri y sirve para chorrear sobre todo.

Preparación
10 min
Cocción
15 min
Rinde
500 ml
Dificultad
Fácil
Picor Muy picosa
Técnica Hervida Licuadora

Sudas. Se sirve con cuchara chica y se avisa antes.

Ingredientes

Para 500 ml

Se guarda 3 meses en refrigeración, en botella cerrada

Preparación

  1. 1

    Quita rabos a los chiles de árbol y desvena los guajillos. No quites las semillas de los de árbol: aquí se aprovechan.

  2. 2

    Pon los chiles, el ajo y el agua en una olla chica. Lleva a hervor suave y cocina 10 minutos, hasta que los chiles estén blandos.

  3. 3

    Deja templar 5 minutos y licúa todo con el vinagre, la sal, el orégano, el comino y la pimienta. Licúa 2 minutos completos: esta salsa se quiere lisa y muy líquida.

  4. 4

    Cuela dos veces por malla fina. La primera saca lo grueso; la segunda es la que deja la salsa con consistencia de líquido, que es como debe verse.

  5. 5

    Prueba. Debe estar salada, ácida y muy picante: es una salsa para gotear, no para servir a cucharadas, así que va concentrada.

  6. 6

    Si está demasiado agresiva, la cucharadita de piloncillo la redondea sin volverla dulce.

  7. 7

    Embotella en un frasco o botella de vidrio limpio y guarda en refrigeración.

Toda cocina mexicana tiene en el refrigerador una botella de salsa líquida que se usa para gotear sobre lo que sea: sopa instantánea, papas, mariscos, cerveza, una bolsa de cacahuates. Casi siempre es comercial. No hay razón para que lo sea, porque hacerla en casa toma veinte minutos y el resultado sabe muchísimo más a chile.

La clave es entender que ésta no es una salsa de mesa en miniatura. Es otra categoría: muy líquida, muy ácida, muy salada y muy picante, pensada para usarse en gotas. Si la haces con la lógica de una salsa normal —equilibrada, con cuerpo— no va a funcionar.

Por qué el vinagre es el ingrediente principal

Cumple tres funciones a la vez y las tres importan.

Conserva: al bajar el pH por debajo de 4, inhibe el crecimiento de la mayor parte de bacterias y hongos, que es la razón por la que esta salsa dura meses cuando una salsa verde dura tres días.

Corta: el ácido limpia el paladar y por eso funciona tan bien sobre cosas grasosas o sobre mariscos.

Estabiliza: mantiene el color rojo brillante. Sin vinagre esta salsa se apagaría a naranja pardo en una semana.

Guajillo para el color, árbol para el trabajo

Cuarenta chiles de árbol dan todo el picor pero un color mediocre, entre naranja y café. Seis guajillos desvenados no aportan casi nada de picor y sí un rojo intenso y un fondo afrutado que evita que la salsa sea solo agresión.

Es exactamente la misma lógica que en la salsa taquera y en la mayoría de las salsas rojas mexicanas bien construidas: un chile para el picor, otro para el color y el cuerpo.

Colar dos veces

Aquí está la diferencia visual entre una salsa casera que parece casera y una que parece de botella. Una sola colada deja una salsa espesita con posos que se asientan en el fondo. Dos coladas por malla fina, apretando y raspando, dejan un líquido rojo transparente que chorrea.

Lo que se queda en el colador después de la segunda vuelta no se tira necesariamente: es una pasta de chile concentrada excelente para untar en una carne.

Cómo ajustar el punto

Prueba con la punta de una cuchara y evalúa tres cosas por separado:

Sal. Debe estar claramente salada. Como se usa en gotas, una salsa de botella poco salada no aporta nada.

Ácido. Debe raspar un poco al final. Si no lo hace, más vinagre.

Picor. Debe subir rápido. Si tarda en llegar, faltan chiles.

Y si la suma de las tres resulta demasiado agresiva, la cucharadita de piloncillo redondea sin endulzar.

Errores comunes

Quedó espesa como pasta. Faltó agua o faltó colar. Añade agua hirviendo de a poco y vuelve a colar.

Sabe solo a vinagre. Demasiado vinagre o poca sal. La proporción de esta receta —una taza de vinagre por taza y media de agua— es agresiva a propósito, pero si te pasaste, añade media taza de agua y un poco más de sal.

Se puso café. Chiles viejos, o se guardó a temperatura ambiente. El color se conserva en frío y en vidrio oscuro.

Tiene posos en el fondo. Normal en salsa casera. Agita antes de usar, o cuela una tercera vez.

Cómo guardarla

Botella de vidrio con tapa hermética, en el refrigerador. Tres meses, aunque en la práctica se acaba antes. Etiquétala con la fecha: es la clase de botella que se queda al fondo del refri.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura esta salsa?

Tres meses largos en refrigeración. El vinagre baja el pH lo suficiente para inhibir el crecimiento de la mayoría de microorganismos, y por eso las salsas embotelladas comerciales son todas ácidas. Es de las pocas salsas caseras que se pueden hacer en tanda grande sin desperdiciar.

¿Se parece a las salsas embotelladas comerciales?

Se parece en función y en textura líquida, pero sabe mucho más a chile. Las comerciales llevan más agua, conservadores y a menudo espesantes, y su picor viene de extractos. Ésta lleva cuarenta chiles reales en medio litro.

¿Se puede envasar y guardar fuera del refrigerador?

No sin esterilizar como es debido. Aunque el vinagre ayuda, esta receta no está formulada ni medida para conservación a temperatura ambiente, y una salsa mal envasada es un riesgo serio. Refrigerada, tres meses; a temperatura ambiente, no.

¿Por qué se hierven los chiles en lugar de tostarlos?

Porque aquí no buscas la nota tostada sino un sabor limpio y directo a chile que el vinagre pueda empujar. Tostados quedaría una salsa más compleja pero también más turbia y con posos. Para una salsa líquida de botella, hervidos.

¿Por qué hay que colar dos veces?

Porque la textura es la mitad de la gracia. Una salsa de botella debe chorrear, no caer a cucharadas. La primera colada quita pulpa y piel gruesa; la segunda deja solo líquido teñido. Si la quieres más espesa, cuela una sola vez.

¿Qué vinagre uso?

Vinagre blanco de caña, que es neutro y no compite con el chile. El de manzana funciona y aporta un fondo afrutado agradable; el balsámico o el de vino tinto no, porque dominan.