Salsa cremosa de chipotle
Chipotle adobado licuado con crema y un toque de limón. Cinco minutos, sin fuego, y sirve para bañar, dipear y untar cualquier cosa.
Qué lleva el adobo, cómo dosificarlo sin pasarse, por qué su picor sube con el tiempo y qué hacer con la lata abierta.
Se puede cambiar por
El chipotle adobado es chile chipotle —jalapeño rojo ahumado y secado— rehidratado y conservado en una salsa espesa de jitomate, vinagre, piloncillo y especias.
Es el chile enlatado más útil que existe, porque en una sola lata te da ahumado, dulzor, acidez y picor. Media docena de salsas de este recetario se resuelven con él en cinco minutos.
Varía por marca, pero el patrón es constante: jitomate o puré de tomate, vinagre, azúcar o piloncillo, cebolla, ajo, sal y especias como orégano, comino, laurel y a veces canela y clavo.
Eso significa que cuando pones un chipotle adobado en una salsa no estás poniendo solo chile: estás poniendo un adobo completo. Es la razón por la que funciona tan bien con tan pocos ingredientes y también por la que no es intercambiable con un morita seco sin ajustar el resto.
Entre 3 000 y 10 000 unidades Scoville según la marca y el chile. Es un picor suave-medio que llega con retraso.
Y ese retraso es su trampa. El picor del chipotle adobado sube durante la primera hora, sobre todo en preparaciones frías. Pruebas una salsa cremosa recién hecha, te parece suave, le pones dos chipotles más, y una hora después en el refrigerador es intragable.
Regla: dosifica corto, refrigera media hora, prueba y decide.
| Cantidad | En qué contexto |
|---|---|
| 1 chipotle | Un guiso para 4, un arroz, unos frijoles |
| 2–3 chipotles | Una salsa cremosa de 1½ tazas |
| 4–5 chipotles | Una salsa claramente picante |
| Todo el bote | Casi nunca |
Y no olvides el adobo: una cucharada de la salsa de la lata aporta buena parte del sabor sin subir el picor.
Sin remojar ni tostar. Ya viene rehidratado y listo. Es su gran ventaja.
Licuado, en salsas cremosas, aderezos y marinadas.
Picado, en frijoles, en arroz, en un guiso de pollo.
El adobo solo, sin el chile, cuando quieres el sabor sin nada de picor. Es un truco poco conocido y muy útil.
El metal de una lata abierta transfiere sabor al contenido en pocos días. Pasa lo que sobre a un frasco de vidrio en cuanto abras.
En refrigeración, en vidrio, aguanta un mes largo gracias al vinagre.
Mejor todavía: congélalo. Pon los chipotles restantes de uno en uno sobre un plato con papel, con una cucharadita de adobo cada uno, congela y pasa las porciones a una bolsa. Sacas uno cuando lo necesitas y no se desperdicia nada. Duran seis meses.
En una macha o en un aceite. Lleva agua y vinagre, y arruinaría la conservación de una salsa que debe estar prácticamente seca.
Cuando la receta pide morita seco por su humo. El adobo tapa parte de ese humo con su acidez y su dulzor. Si de todas formas lo usas, quita el vinagre y el azúcar de la receta.
Morita seco: tres chipotles adobados equivalen aproximadamente a diez moritas, pero hay que rehidratarlos y añadir un poco de jitomate, vinagre y azúcar para reconstruir el adobo.
Chipotle meco seco: más humo, más agresivo. Mismo procedimiento.
En 1 de estas es el ingrediente que define la salsa.
Chipotle adobado licuado con crema y un toque de limón. Cinco minutos, sin fuego, y sirve para bañar, dipear y untar cualquier cosa.